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Hope by Lady Kopaka

Esperanza

Por Lady Kopaka

He perdido la cuenta de los años — los muchísimos, incontables años que he pasado en este horrible lugar. Los días son tan oscuros y tristes, cada uno como el que vino antes. Siempre es tan frío y, sin embargo, el aire es caliente, abrasadoramente caliente. ¿Qué estoy diciendo? Esta tierra siempre ha sido así. Ha pasado tanto tiempo desde que vi un día despejado, si esque lo vi alguna vez. Por una vez, deja que el cielo se llene de grandes nubes blancas, y el azul claro sea inundado por la luz del sol. Demasiado tiempo he esperado por el agua fría para bañarme, sol caliente para tomar el sol, y el aire. Oh, cómo me gustaría respirar el aire limpio y fresco. Pero ¿qué obtenemos? Veneno. Voya Nui es en donde me encuentro. Es una isla, no el paraíso que se te podría venir a la mente. Es un lugar duro y desolado; totalmente privado de vida, excepto por mis pocos compañeros Matoran. Esta tierra quema y congela, una tortura interminable. Los turistas solían venir, pero eso fue hace mucho, mucho tiempo. Pero tal vez sea lo mejor, ya que no tendrían que sufrir como nosotros. Nuestro Turaga murió hace muchos años, un tiempo tan atrás que se me había olvidado. Todo parece sin esperanza; me esfuerzo por encontrar comida, agua, y ayudar a los Matoran, pero nunca me siento como si estuviera realmente haciendo bien alguno. Me gustaría que por un día... Sólo uno, todo pudiera salir como quiero..., pero nunca termina de esa manera. El mundo es cruel e injusto, como Piruk señala a veces, todo el tiempo realmente. He perdido bastante tiempo escribiendo, tengo que ir en busca de agua, que estoy anhelando terriblemente en este momento.

-Kazi

El Ko-Matoran dejó su pluma, y se quedó mirando la tableta por un momento mientras la leía. Suspiró, todavía sientiéndose agraviado por que algo bueno pasara. Pero no debería quejarse. Como sabía que nunca sucedería. Estirándose, poco a poco se levantó y salió de su cabaña, con ojos puestos en el suelo mientras frotaba un lado de su máscara pensando.

“¡Kazi, vuelve a Voya Nui!” La voz se notaba claramente como la de Dalu, precipitada y directo al punto. Kazi la miró y dio un resoplido de mal humor.

“Pero ese es el problema, no quiero volver a ese terrible lugar.”

“Bueno, deja de quejarte y saca lo mejor de el.” Dalu sonrió, con ojos brillantes. Kazi no pudo resistirse a asentir, pero aún así estos pensamientos a menudo se desplazaban en la mente del Matoran. Él asintió secamente.

“Bien, bien... ¿Y cuál es la situación?”

"Nada ahora…"

“Dalu, siempre hay algo que hacer.”

Ella sacudió la cabeza y empezó a frotarse las manos. "Nada aún."

“Sin embargo”. Kazi respondió. “Voy a encontrarme con Garan, ¿sabes dónde está?”

“Probablemente en su cabaña, la última vez que lo comprobé,” respondió Dalu.

“Tengo que ir afuera, también, he oído que algunos de los Matoran estaban teniendo problemas con algunos Rahi, dicen que están actuando bastante inquietos.”

“¿Quién no lo estaría en este lugar?”

Kazi sonrió. “¿Oh, trata de ser un poco más alentadora?”

Dalu rodó los ojos. “Eh, no importa, y adiós.”

Kazi descendió por el antiguo camino hacia la cabaña de Garan, no muchos Matoran se encontraban afuera, la mayoría estaban tratando de buscar comida, o adentro, descansando antes de otras horas de duro trabajo. Era un espectáculo lamentable; el lugar parecía una ciudad fantasma, fría, ventosa y vacía. Kazi tropezó con una roca y casi cae. Se detuvo y miró a la pequeña y retorcida roca y murmuró algo hacia ella. Al acercarse a su destino, se dio cuenta de que el cielo estaba más oscuro, un aspecto oscura de tormenta diferente a las habituales deprimentes nubes. Grandes nubes se cernieron, y luego el viento frío viento llego. Sí, sólo tenía que empeorar, pensó Kazi. O tal vez una buena tormenta nos haría bien...

“¡Kazi, Kazi!” llamaba una voz desde atrás, el Ko-Matoran se dio la vuelta para ver a Garan corriendo junto a un viejo Ta-Matoran. La expresión de Garan estaba llena de preocupación y alerta. Uh oh, Garan tiene esa expresión de nuevo, algo malo acaba de pasar. O pasará.

"¿Qué?"

Garan se acercó y tomó un profundo respiro, “Tenemos un problema.”

“¿Oh, como qué?”

"Uno grande."

Kazi se quedó en silencio sobre un gran acantilado frente al océano, donde las olas golpeaban con fuerza contra el acantilado, y en el extremo distante, podía ver algo, realmente no podía describirlo, pero algo estaba pasando en las nubes.

“Bueno, ¿qué es esto?” pregunto Kazi de manera impaciente y sarcástica.

El Matoran con Garan conocía el clima. El podía por lo general decir antes de tiempo que tormentas iban a pasar por el cambio del medio ambiente.

“No es cualquier tormenta normal”, señaló, “a pesar de que estas tormentas son bastante comunes, creo que, en ciertos lugares. Por lo general, yo creo que estamos demasiado hacia el sur para que nos atrape, pero...”

“Sólo dime, ¿en el mundo que es?”, exclamó Kazi.

Garan le dio una tosca mirada, pero el Matoran ignoró su actitud insistente.

"Un huracán."

El viento soplaba con más fuerza, y esta vez Kazi tuvo que poner su mano sobre sus ojos, para que las pocas rocas y la suciedad no consiguieran ensuciarlo.

"¿Una qué?"

“Es una enorme tormenta”, explicó el Ta-Matoran. “Sus vientos son terriblemente fuertes, llevándose casi todo a su paso. Sin incluir el granizo y las inundaciones que lo siguen”.

“¿Cómo sabías de esto?”

“Sucedió hace mucho tiempo... Aunque no muchos lo recuerdan. Y la mayoría de los que vivían en ese entonces no sobrevivieron a el.“

Garan se sorprendió. “Bueno, ¿y si no pasa por aquí?”

"Eso es bueno. Si nos llega... Podemos estar en un montón de problemas.“

“Más vale prevenir que lamentar”, dijo Kazi, caminando más hacia el borde del acantilado para tener una mejor vista de las grandes nubes sobre el mar. “Tenemos que llevar a los Matoran a un lugar seguro.”

“No habrá un lugar seguro”, respondió el viejo Ta-Matoran. “Arrasara por sobre esta isla. A veces, los huracanes no son tan malos, a veces son muy mortales.“

Kazi suspiró y se dio vuelta, mirando hacia el pueblo. “Entonces vamos al menos a tratar de hacer lo mejor que podamos.”

Bueno, se acerca un huracán. Una tormenta viciosa y mortal, de la que mi amigo me ha dicho, que trae gran preocupación. Pero tal vez el Gran Espíritu sea amable... ¿pero en realidad lo ha sido? Yo (y los otros Matoran) nos sentimos tan por nuestra propia cuenta, oh deseo, sólo deseo, que tuviéramos un gran y poderoso Toa que viniera a ayudarnos; apuesto a que sabría qué hacer. Pero hasta entonces, tenemos nuestros propios planes a los que apegarnos. Garan dijo que sería prudente mover el pueblo al este, ya que 'suponemos' que sería el lugar menos probable que impactara con mayor fuerza. Estaba pensando en alojarnos en unas cuevas mientras pasaba la tormenta, pero Garan dijo que podría haber riesgo de un derrumbe. Así que en este momento estoy completamente perdido... supongo que escribir esto no ayudará a los Matoran, así que ¿por qué sigo perdiendo el tiempo con esto?

-Kazi

Más tarde ese día, Kazi y Garan explicaron el problema al resto de los Matoran; al punto que se preocuparon. Pero vivían una vida tan dura; que realmente no entendían lo malo que podía ser.

“Iremos hacia el este, donde debería ser más seguro.” Garan exclamó.

“¿Más seguro?”, replicó un Matoran atrás, resoplando. “¡No hay lugar seguro a donde ir, un huracán se desliza por toda la isla!”

Kazi hizo una mueca, “VAMOS a viajar hacia el este a menos que quieras morir. Hay cuevas en esa dirección, que posiblemente, nos puedan ayudar durante la tormenta.“

Todo el mundo quedó en silencio, tratando de pensar en una respuesta o debatiendo para decidir si era conveniente. Finalmente, Dalu salió de la multitud, y asintió a Kazi. "Iré contigo."

Luego se volteó a mirar a los demás. “¡Tenemos que trabajar juntos, ayudarnos unos a otros, debemos tener unidad! Así es como vamos a sobrevivir a esto y más veces en el futuro. Nos necesitamos el uno al otro."

No sólo unos momentos después, las palabras cortas pero fuertes de Dalu hicieron a todos a ver el punto. Y, por último, en los ojos de todos, asintiendo e incluso algunos aplausos de todo el mundo, estaban listos.

Kazi estaba sin duda feliz por todo esto, y entonces continuó: “Entonces vamos por ello, tomemos lo que necesitemos y salgamos tan pronto como sea posible.”

Los Matoran dieron una mirada de esperanza, pero se notaba que realmente no querían ir. Pero aún así, ellos corrieron a prepararse. El Ko-Matoran tomó un profundo respiro, y saltó de la gran roca donde estaba parado con Garan, y bajo a ver a Dalu que lo estaba esperando.

“Gracias por esa ayuda”, dijo Kazi, sonriéndo a Dalu.

“Oh, no es gran cosa, sólo hay que tirar algunas palabras fuertes y alentadoras... A veces.”

“Sorprendente para tí,” respondió Kazi en broma. “Ahora a prepararnos...”

Ahora llovía, y los vientos eran cada vez más fuertes. Era extraño cómo en un momento lo que era silencioso y tranquilo (o tan tranquilo como podía ser en Voya Nui), al momento siguiente era una pesadilla, las nubes eran tan oscuras como la noche, y los truenos sacudían la tierra con una fuerza sorprendente. Aunque lo peor de todo era el viento, sólo podía decirse que en poco tiempo podía empezar a llevarse los árboles y hacer un desastre. Que poderoso podía ser el sorprendente aire a veces.

Los Matoran de Voya Nui habían estado caminando por mucho tiempo, estaban tan cerca de su destino, pero todavía parecía tan lejos. Tuvieron que empezar a viajar a través de zonas rocosas ahora, que era una buena señal de que se estaban acercando a las cuevas. Un poco más tarde, vieron grandes áreas con cuevas, parecían lo suficientemente resistentes como para mantener a los Matoran a salvo, y si había un derrumbe, ¿no había acaso un montón de Matoran para cavar la salida?

Kazi estaba ayudando a algunos de los Matoran a llegar hasta el borde escarpado, cuando Piruk se acerco corriendo; parecía preocupado, y siguió frotando sus armas entre si y mirando a su alrededor, como si estuviera buscando a alguien.

El Ko-Matoran saltó al lado de su amigo y lo miró a los ojos, “¿Cuál es el problema?”

"Err. Oh nada…"

"Dime."

Piruk tomó un profundo respiro, “Pero...”

"¡Ahora!"

"¡Bien bien! Por todos los cielos, conserva tu máscara”, Piruk respondió con el movimiento de la mano. “No te enojes conmigo por favor, yo le dije que no...”

“¿Le dijiste a quién?”

“Umm, Dalu. Ella quería ver el huracán y ella dijo que iba a reunirse con nosotros tan pronto como algo saliera mal.“

Kazi se quedó mirándolo durante mucho tiempo, no podía culpar a Piruk, y una vez que Dalu se concentraba en algo, nada podía hacerla cambiar de opinión.

“Voy tras ella,” Kazi dijo finalmente.

"¿Qué? No puedes ir solo, déjame ir, fue mi culpa por no decirle nada a nadie.“

“No, no puedo dejar que nadie más salga herido. Ve a decirle a Garan lo que estoy haciendo... Después de que me vaya.“

Piruk asintió, “Bien, deprisa, la tormenta se esta viendo mal desde aquí...”

Kazi corrió más rápido de lo que jamás pudiera imaginar, sus ojos expresaban pánico, ¿donde estaba Dalu? No podía haber ido demasiado lejos, y ¿estaba ella realmente loca? Los pensamientos pasaron por su mente una y otra vez, preguntándose si ella... o incluso si él saldrían de este lío.

Saliendo de una zona carbonizada en el bosque, más adelante en un pequeño acantilado que terminaba en el enorme mar (y la tormenta), estaba Dalu, con los ojos muy abiertos en asombro. Kazi suspiró y corrió hacia ella, en un segundo había agarrado su brazo y estaba a punto de tirar de ella por el precipicio y de vuelta suelo más seguro. Pero los reflejos rápidos de Dalu captaron al Ko-Matoran con la guardia baja.

“¡Oh Kazi, me has asustado!” Ella reacciono de manera impulsiva, luego lo miró con una sonrisa débil. “Te estaba siguiendo y me...”

“¿Distraje?”, dijó Kazi. “¿Dalu, que en el mundo estás haciendo? Tenemos que volver con los demás.“

“¿Pero mirala, puede haber algo tan grande... poderoso y aterrador? ¿Cómo puede algo así aparecer de la nada?”

“Las preguntas pueden ser pensadas después de que haya terminado”, respondió Kazi. “Por favor, necesitamos-”

De repente, un trueno resonó, por lo que los dos Matoran cayeron al suelo. Y una gran oleada de viento rugío a través del aire. Kazi, que había cubierto su rostro, ahora miraba un árbol, se movió un par de veces, entonces una grieta.

“¡DALU!”

Kazi gritó lo más fuerte posible a través de la tormenta. La Matoran femenina se levantó lentamente para ver el árbol, y con un chillido de sorpresa, trató de levantarse a tiempo para moverse fuera del camino. Pero el viento soplaba demasiado haciendo muy difícil que ella se moviera fuera del camino. Con la poca fuerza que le quedaba, él se incorporó, la tomó de la mano y tiró de ella hacia fuera del camino. Dalu se agarró de él, pero eso no era suficiente, el árbol cayó, y la fuerza sacudió la tierra. El impacto hizo caer a los Matoran a unos pies de distancia de donde estaban parados. Y eso era al borde de un gran acantilado.

Kazi trató desesperadamente de aferrarse al suelo, pero el viento sopló más fuerte y algo golpeó su rostro, se soltó y se sintió flotando lentamente, luego con una aterradora sacudida, comenzó a caer a gran velocidad hacia una caída aparentemente sin fondo. Él débilmente podía ver las rocas y el mortal mar congelado, ¿era este el final? ¿Era este su destino? Cerró los ojos esperando que todo se volviera negro...

Una desvanecida figura roja y plateada puso al noqueado Matoran detrás de una gran roca no muy lejos de donde había caído, tarde o temprano, sabía que Dalu encontraría al Ko-Matoran, y con suerte, se pondrían a salvo, pero Axonn estaría listo para ayudar en cualquier momento.

Un goteo de agua fresca salpicó contra su cara, luego sucedió otra vez. Kazi débilmente abrió sus ojos, todo a su alrededor era borroso. ¿Dónde estaba él? ¿Estaba él en alguna otra tierra más allá de la vida? Finalmente todo quedó claro, él estaba acostado en alguna zona musgosa en los bosques, todavía estaba ligeramente oscuro, pero a través de los árboles podía ver la luz.

“¡Despertaste!”, exclamó una voz. Kazi se volteo para ver la expresión de alegría de Dalu. Ella corrió y lo abrazó.

“¡Oh, gracias a los espíritus que estás despierto!”, exclamó. “Es sorprendente cómo escapaste de eso, pensé que habías muerto.”

“Yo... no recuerdo cómo me salvé de esa caída,” Kazi balbuceó sorprendido, “pensé que tú...”

Ella sacudió su cabeza. “No... Pero no te preocupes de eso, ¿de acuerdo? Estás vivo, y eso es todo lo que importa, tómalo como un... regalo de Mata Nui.“

Kazi por lógica, sabía que no había manera de que él fuera salvado simplemente por 'magia'. Alguien lo salvó...

“Vamos”, dijo. “Si estás dispuesto, me gustaría encontrar a los otros Matoran y regresar al pueblo, el huracán está cerca de acabarse, además de un poco de lluvia y un cielo nublado.”

“¿Qué hora es?”, pregunto Kazi, mientras se levantaba.

“Poco después del mediodía creo, recientemente los truenos acaban de terminar. ¡Vamos!”

Así, se encontraron con el resto de los Matoran y Garan a mitad del camino. Garan estaba muy contento de ver que los dos estaban bien, y dijo que todo iba bien.

“Asustados, pero viviremos”, dijo Garan. “Esperemos que no vuelva a pasar.”

Después de eso, continuaron descendiendo hasta el pueblo, preocupados de lo que había sucedido.

El silencio fue la primera cosa que vino a la mente cuando Kazi vio el lugar. Los tejados estaban arrancados, los árboles habían caído sobre muchas de las casas, y algunos estaban irreparables. No sólo era eso, sino que el lugar estaba horriblemente inundado.

“Bueno, al menos tenemos agua”, dijo en voz baja Piruk.

“Se va a secar rápido antes de que seamos capaces de recolectarla,” suspiró Kazi, “Oh, esto es imposible.”

Se sentó en la roca más cercana, y puso sus manos sobre su máscara, “¿Por qué tiene que pasar esto?... ¿Por qué todo esto tiene que suceder? ¿Por qué no podríamos haber llevado una vida normal con un Turaga, un vigilante Toa, y un lugar maravilloso? ¡¿Estamos aquí sólo para que el Gran Espíritu se ría?!”, gritó mirando al cielo, con una mezcla de ira y tristeza.

Dalu se acercó a él, y lo miró, “pero tenemos algo especial, algo que siempre nos ayudará a superar este desastre de problemas.”

“¿Oh?”, dijo Kazi, mirándola con una expresión cansada.

“Esperanza”, dijo, “que en el futuro vamos a ser libres de esta maldición, que el mañana traerá más esperanza mientras sigamos caminando, con la frente en alto, no nos sintamos estrezados o deprimidos por esto, eso es lo que quiere la desesperación.“

Ella se inclinó y lo miró con una sonrisa. “Que todos los Matoran tendrán el amor y la amistad, hasta en el final más amargo o más brillante. Siempre habrá bondad, no importa el mal del mundo, y siempre habrá luz, no importa lo oscuro que pueda parecer.“

Kazi se sorprendió con las sabias palabras de Dalu; nunca supo que podía hacer un discurso tan maravilloso.

“Vamos,” dijo, extendiendo una mano. “Vamos a ayudar a los otros a reconstruir.”

El huracán ha terminado... No fue tan malo, pero aún así causó mucho daño, y todos los Matoran están reconstruyendo, recuperando nuestro pueblo, tal vez incluso quede mejor que antes. Pero, como dijo Dalu, siempre habrá esperanza brillando en alguna parte, y siempre estará encendida si hay Matoran, Toa, y muchos más en este mundo que permitirán que brille, y creerán en ella. Amor, Amistad y Esperanza... Supongo que es sólo otra forma de decir... Unidad, Deber y Destino.

-Kazi

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