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"Mientras que yo, Makuta Mutran, reclino en mi colmena en Karda Nui, esculpiendo esta crónica, estoy gratificado por la vista de las Sanguijuelas de Sombras tomando forma en los tanques burbujeantes. La invasión del núcleo al universo procede bastante bien, mis nuevas creaciones están esparciendo oscuridad y corrupción, y en general, es bueno estar vivo."

— Makuta Mutran
The Mutran Chronicles.png

Las Crónicas Mutran es una serie en línea en BIONICLEStory.com. Esta destaca a Makuta Mutran al recordar la historia pasada de la Hermandad de Makuta.

Capítulo 1Editar

Mientras que yo, Makuta Mutran, reclino en mi colmena en Karda Nui, esculpiendo esta crónica, estoy gratificado por la vista de las Sanguijuelas de Sombras tomando forma en los tanques burbujeantes. La invasión del núcleo al universo procede bastante bien, mis nuevas creaciones están esparciendo oscuridad y corrupción, y en general, es bueno estar vivo.

Mi asistente, Vican, esta ocupadamente metiendo un experimento fallido en su caja. Normalmente yo dispongo de cualquier “falla” lo antes posible… pero en este caso, esta silbadora, mordedora y toxica creación seria un fino regalo para Chirox.

Ah, Chirox… eran hace solo 100 milenios o algo así que éramos mejores amigos, trabajando para crear nuevos y mejores Rahi para ayudar a los Matoran.

Fue en el reinado de Makuta Miserix, el primer líder de la Hermandad . La fortaleza de Destral apenas había sido construida y todos los Makuta estaban estacionados ahí. Nuestro único trabajo en ese momento era la creación de Rahi. Recuerdo un día particular cuando Chirox y yo estábamos inclinados sobre nuestra tabla, intentando hacer algo útil de uno de los experimentos de Spiriah.

“Muchas piernas,” murmuró Chirox. “Y esos dientes…”

“Lo despedazamos y comenzamos de nuevo?” pregunté yo. “O simplemente lo encerramos en un cuarto con Spiriah?”

Miserix escogió ese momento para entrar. Le lanzó una mirada a la cosa que se retorcía y resopló. Entonces nos miró a nosotros. “Tenemos una… situación,” dijo. “Los habitantes de Xia demandan pagos más altos por sus bienes aún más de lo que la mayoría de las ciudades Matoran pueden dar. Quiero que uno de ustedes vaya con Makuta Icarax y su ayudante, Pridak, para poderles explicar la necesidad de cooperación con ellos.”

Después de que se fue, le dimos vuelta al Rahi para decidir quién iría. Desafortunadamente, tenía dos caras pero ninguna cola, así que tomamos un tiempo en llegar a una decisión.

La misión salió bien, claro. Después de días de negociación, Icarax perdió su temperamento. Luego, después de que los escombros se habían limpiado, los Xianos querían ser más que razonables. Prácticamente nos tocó arrastrar a Pridak de la isla, pues se había enamorado del potencial del lugar.

Fue solo cuando nos acercábamos a Destral que me di cuenta que había dejado mi proyecto mascota, mi roca viva favorita . “La debo haber dejado en el centro de la isla cuando inspeccionábamos las fábricas,” dije yo. “Aun más perturbador… nunca viajo sin ella, pero puede ser… difícil.” “Cuál es el problema?” gruñó Icarax. “Solo es una roca.”

“Bueno, si es verdad,” respondí. “A menos que comience a comer a Xianos y crezca a ser una Montaña. Pero, cuales son las probabilidades de que eso pase?”

Seguimos navegando, dejando una isla llena de fábricas, una población de Xianos trabajadores… y una roca muy, muy hambrienta.”

Capítulo 2Editar

Ah, Pridak… no fue mucho después de nuestra expedición a Xia que dejó el servicio de la Hermandad de Makuta por “cosas mayores”. Recuerdo que Makuta Miserix le echaba un ojo, a través de una persona fácilmente corruptible llamada Takadox. Así que la formación de la Liga de Seis Reinos fue una sorpresa mínima para nosotros.

Pero eso no quiere decir que estábamos felices de aquello. Oh, claro que no. Es una cosa saber que siempre has estado debajo del Gran Espíritu en la escalera de poder- pero es otra estar recibiendo poderosas “peticiones” de seis líderes de guerra que no sabían el lugar correcto de las cosas.

Pues sí recuerdo estar sentado en una fría y húmeda cámara en alguna torre Barraki, escuchando a Pridak y a Kalmah discutir cómo iban a cambiar el universo conocido en territorios. Nosotros los Makuta continuaríamos aprovisionándoles bestias Rahi y cualquier otra cosa que estuviera en nuestro poder para dárselos. Miserix escuchó todo esto con impaciencia creciente hasta que no lo pudo aguantar más.

“Mosquitos insolentes,” escupió. “Los Makuta solo servimos a Mata Nui. No ponemos nuestro conocimiento secreto en el trabajo de cualquier ser con un brazo fuerte y legiones de canallas detrás de él.”

Pridak se acercó, sonriendo. “Esos ‘canallas’ están preparados a marchar hacia Destral bajo mis órdenes. Antes de que sus Toa y Rahkshi puedan poner en orden, habremos tomado su fortaleza… y aclamado sus preciosos secretos. Harían lo correcto recordando que, mientras sirvan a Mata Nui, nosotros somos sus elegidos para reinar en el universo.”

”Entonces tal vez el Gran Espíritu no es tan inteligente como hemos creído,” dijo Icarax...

Miré a Takadox en ese momento. Un miembro de la Liga y vendedor de información a la Hermandad, realmente no pertenecía a ningún lado. Tal vez por eso parecía que quería poder derretirse en el piso.

Pridak se paró, seguido de Kalmah y los otros. “Tienen dos opciones, Makuta – cooperación, o conquista. Espero que escojan sabiamente.”

“¿Que hay sobre lugares que no están en el mapa?” preguntó Makuta Chirox. “ArtakhaMetru Nui… las tierras desconocidas al sur…”

“Estamos en una… discusión con Metru Nui,” dijo Kalmah.”Sobre Artakha, dejen que el viejo tonto juegue con sus creaciones. Y las tierras al sur son buenas solo para alojar ratas de piedra y lohrak.”

“Entonces todos éstos deberían encajar perfectamente,” dije en voz baja, ganándome una mirada de Kalmah.

“Se ha acabado esta reunión,” dijo Pridak fríamente. “Esperaremos bestias de guerra nuevas. Si escogen obstruir los diseños de el Gran Espíritu, entonces su final estará sobre sus propias cabezas.”

Uno por uno, los miembros de la Liga se fueron, Takadox dándole una mirada de preocupación a Miserix mientras se iba. Después de que se fueron, Miserix miró a su teniente más confiable y dijo las palabras que (aunque no lo sabíamos en ese entonces) sellaron el destino de los Barraki:

“Espadas sacadas tan fácilmente piden ser usadas… y raramente se vuelven a guardar. Éstos Barraki pueden ser problemáticos. Vigílenlos.”

Capítulo 3Editar

La guerra se había acabado.

No que yo pude ver la gran batalla final entre las fuerzas de la Hermandad de Makuta y de la presuntuosa Liga de los Seis Reinos. Oh, no – el teniente de Miserix obtuvo el honor de liderar el ataque y obtener toda la gloria. Yo y otra Makuta, Gorast, fuimos enviados a una misión para limpiar la fortaleza de Kalmah.

Aun así, no estaba emocionado por este trabajo. Si han ido a los terrenos noroeste de la Liga, saben que apesta a aliento de Dragón Kanohi y está llena de cuerpos de Rahi muertos. Claro, eso último es mi culpa – Kalmah nunca le mostró el respeto correcto a un Makuta, así que nunca le mandé un Rahi que vivirían por más de tres días.

Súmenle a eso la compañía de Gorast, tan caliente y amigable como acariciar a una Anguila de Lava. No dijo nada en el viaje al norte, aparte de pedirme que fuera más rápido, que estaba bien por mí. Gorast es una feroz guerrera, pero cuando has terminado de hablar de desmembramiento, asesinato, masacre y decapitación, no tiene mucho que decir.

La “fortaleza” de Kalmah era apenas eso. La voz había corrido sobre la rendición de la Liga y los restos de su ejército habían saqueado el lugar. Habían huido antes de que llegáramos, así que todo lo que encontramos fue una pila de rocas y ruinas. Una búsqueda breve reveló que no había armas, mapas, accesorios, o cualquier cosa que fuera de uso.

Después de un rato, Gorast vio a unos extraviados y los cazó. Intenté limpiar un poco de las ruinas para sentarme. En ese momento vi la inscripción. Dándole la vuelta, me di cuenta de que algunas de mis creaciones – los Rahi que llamé Excavadores Navajudos – habían desafiado las probabilidades y sobrevivido. Aun más, Kalmah había descubierto algo interesante sobre ellos. Cuando hay suficientes Excavadores Navajudos, comienzan a excavar de todas las formas. A primera vista, los túneles parecen al azar – dos largos, encorvados por el norte y el sur, con unos más pequeños entre ellos – con el mismo modelo de construcción, repetido una y otra vez. Pero Kalmah se había dando cuenta de que no eran al azar, como cualquier ignorante vería. No – los Excavadores Navajudos estaban construyendo un mapa.

Pero… ¿un mapa de qué?

Esa pregunta me plaga hasta este día. La forma de esos túneles no se parece a ninguna tierra que yo haya visto. Una vez incluso intenté tener a un Toa con Máscara de Traducción encarcelado de que se comunicara con los Excavadores, pero sin resultado alguno. Parece que los Excavadores no saben tampoco por qué excavan ese modelo, solo que deben.

Me sentía con certeza en ese entonces, y aun lo hago, de que esto quiere decir algo… tal vez algo devastador. Pero este es un misterio más allá de la capacidad de la Hermandad de resolver… y aunque un Makuta nunca debe admitir que siente miedo, confieso que las memorias de esas inscripciones espantan mis sueños.

Capítulo 4 Editar

No hay nada tan ... divirtiendo ... como ver Matoran en la guerra uno contra otro. Allí están ellos, con sus máscaras impotentes y sus pequeñas armas, tratando de parecer formidables cuando marchan a la batalla. Uno tiene que reírse. Desde luego, Makuta Miserix no encontró la situación en todo divertido. 500 años después de la derrota de la Liga de los Seis Reinos, los Matoran de Metru Nui habían ido a la guerra el uno con el otro. Había comenzado como una discusión simple de fronteras y comercio entre Ta-Metru y Po-Metru. Esto se intensificó cuando los Po-Matoran hundieron algunas barcazas de transporte y los Ta-Matoran destruyeron un depósito de Po-Matoran con protodermis fundido. Onu-Metru se puso del lado de los Matoran de fuego, Le-Metru se unió con los de piedra. Los Ko-Matoran intentaron intervenir y fueron rechazados, que los empujó en el campo Po-Matoran. Los esfuerzos de los Ga-Matoran para permanecer neutro fracasaron miserablemente y ellos tarde o temprano se pusieron del lado del fuego y la tierra también.

Trabajo en tierra a argumentos altos se desarrollaron en batallas. Bloques enteros de calles fueron severamente dañados o destruidos. Sin Toa colocados allí, y el Turaga ineficaz, parecía como si nada podía parar la destrucción. Esto era perfecto para mí, ya que yo podía usar el caos como una apertura para mis nuevos Rahi en la ciudad y probar su potencial destructivo.

Miserix ordenó a su teniente intervenir y parar la lucha. A esta hora, aquel Makuta particular ya contemplaba el derrocamiento del Gran Espíritu Mata Nui, que sin duda veía esto como una oportunidad de mostrar que tan bien los Makuta podrían imponer orden. Lamentablemente, su solución era de sellar los números grandes de los ejércitos contrarios en los Archivos y soltar los objetos expuestos sobre ellos. Era, de más está decir, un lío verdadero para limpiar más tarde. Y esto no hizo nada para inspirar el gran amor por la Hermandad en los corazones de los Matoran, aunque ellos seguramente se comportaran ellos mismos después.

Lo que le pasó a los líderes de guerra, no lo conocemos. Posiblemente ellos fueron enviados como los Barraki habían sido, a partes desconocidas. Pero a partir de aquel tiempo, Miserix decidió que cada uno de nosotros sería asignado una región particular para cuidar de. Su teniente fue asignado al premiado Metru Nui, mientras me dieron la sección de centro del continente Matoran. (Nunca presté mucha atención a mucho a lo que continuaba allí, siendo demasiado ocupado de mis experimentos. ¿Realmente, quién se preocupaba de lo que ocurriera a unos Matoran aquí o allí? Había siempre más de donde ellos vinieron.)

Desde luego, la mayor parte de lo que he relacionado aquí, yo no lo atestigüé personalmente. No, después de que la guerra estaba bien en camino, me dieron otro trabajo por Miserix. En el tiempo en que la Matanza de los Archivos ocurrió, yo estaba al sur, dirigiéndome a encontrar una leyenda... una leyenda llamada Tren Krom.

Capítulo 5 Editar

En cualquier lugar donde puedas viajar en este nuestro enorme universo, es probable que encontraras a alguien que te dirá que Tren Krom no es más que un mito... justamente una leyenda de la antigüedad, no más real que Irnakk o cualquier otro invento de la imaginación. Poner un pie en su isla no traerá consecuencias terribles, ellos insisten, solamente será un paseo agradable sobre una playa rocosa. A aquellos seres, desde luego, les digo, "¿Qué quisieras en tu funeral? Entonces puedo comenzar a planificarlo ahora. "

Esto es un hecho conocido a los que saben bien que Tren Krom no es ningún mito. Él es más viejo que las estrellas mismas, nacido en un tiempo cuando no había ningún Mata Nui, ningún Makuta, sólo la oscuridad interminable que abarcaba todo. Él anduvo por un universo en las convulsiones de su nacimiento, e incluso las sombras le temían. Encontrarse a Tren Krom lleva a la locura, o peor. Naturalmente, la Hermandad me escogió para buscarlo.

La razón de la reunión era obvia: la Hermandad no podía permitir que un ser de tal poder morara descontrolado en nuestro universo. Teníamos que conocer su intención y si él representaba una amenaza para las tierras a las que cuidamos. Así seguí un rastro de historias medio recordadas dichas por el loco hasta que yo alcancé la orilla de una isla cuyas orillas no habían dado la bienvenida a un visitante en milenios.

En los intereses de escribir un registro completo, yo debería incluir cada detalle de mi tiempo allí. En los intereses de la sanidad de alguien leyendo esto, no voy a... recuerdo sólo una masa escarlata, una cara que no era una cara, tentáculos rayados con ganchos diminutos, afilados, ojos que eran un poco más que agujeros en un cráneo gelatinoso, y aquella voz...hacía que Makuta Teridax sonara armonioso y dulce.

Esperé morir. Cuando la mente de Tren Krom tocó la mía, y vi lo que él era en realidad, casi quise fallecer en aquel momento... mejor que vivir con el recuerdo. Pero él vio algo en mis pensamientos que lo deben haber cautivado... con dificultad de imaginarse cual pudo haber sido, considerando lo ajeno que era a cualquier forma de vida. En vez de aplastarme, Tren Krom exploró mi conocimiento, como un topo de los Archivos buscando comida. Esto asombraba... esto horrorizaba... esto era una mirada en una mente igual de lejos que la mía como a la de un Volador de Fuego... sentía que mi mente se convertía en una jerarquía de serpientes, silbando, deslizándose y arrastrándose en el lodo. Entonces todo se puso negro.

Cuando me di cuenta otra vez, estaba sobre la playa desierta. No había ningún signo de Tren Krom, o aún la caverna en la cual yo lo había encontrado. Pensé quizás que todo eso había sido una pesadilla, algún truco un Makuta... y luego supe que no podía ser. Ahora entiendo... Yo sabía como el universo trabajaba, y tanto como en mi mente podía estar de pie, por qué el universo trabajaba.

Y yo sabía una cosa más - que los sueños locos de Makuta Teridax de derrocar al Gran Espíritu Mata Nui no eran solamente fantasías. Era posible. Esto podría funcionar. El conocimiento que adquirí eran las municiones para el arma que Teridax un día manejaría, un arma que nos ganaría un universo.

Capítulo 6 Editar

Bien, recuerdo el primer día que Makuta Teridax reveló su Plan. Yo recientemente había vuelto con la información que aprendí en la isla de Tren Krom, el conocimiento que él escuchó sin comentarios. Entonces él hizo algo que ningún otro Makuta a excepción de Miserix alguna vez había hecho - él exigió una Convocación.

Técnicamente, cualquier Makuta podía exigir que todos los miembros se reunieran sobre Destral. Pero normalmente, sólo el líder de la Hermandad alguna vez lo haría. Peor, Teridax no se había molestado en conseguir el permiso de Miserix para hacer esto. Los dos estaban sobre un curso de colisión al principio.

Teridax declaró su idea brevemente y claramente: nosotros debíamos golpear al Gran Espíritu Mata Nui y tomar el poder en el universo. Algunos pocos de nosotros, como Gorast y Bitil, estaban inmediatamente a bordo. Vamprah y Krika se mantuvieron silenciosos, por sus propios motivos. Un puñado de otros levantó objeciones. Teridax pareció escucharlos con cuidado, pero yo podría decir que él realmente memorizaba una lista de quien ellos eran para más tarde.

Miserix, desde luego, vio esto como era - una oferta desnuda para asumir el mando de la Hermandad. Su respuesta fue levantarse desde la cabeza de la mesa, lanzar un rayo de energía de Sombras de su guantelete lanzando Teridax hacia la pared. Comencé a elevarme, teniendo la intención de ayudarle. Pero una mirada de Miserix me congeló en el punto donde estaba.

"Traición" dijo Miserix. "Peor que traición - estupidez. Tenga éxito en su magnífico plan y usted arriesga la muerte del universo mismo."

"Un riesgo", dijo Teridax, cepillando el polvo de roca de su armadura, "que estoy dispuesto a tomar."

"¿Y qué usarás para atacar al Gran Espíritu? " se mofó Miserix. " ¿Su mano de sombras? ¿Una tropa de Rahkshi? Eres un insecto ante los ojos de Mata Nui... y en los míos."

Si yo pudiera haberme deslizado bajo la mesa y mantener mi dignidad como un Makuta, yo lo hubiera hecho. Teridax saltó a lo largo del cuarto y tomó a Miserix por la garganta. Él lanzó al líder de la Hermandad contra una pared, entonces otra, antes de arrojarlo al suelo. Antes de que Miserix pudiera reaccionar, Teridax tenía su bastón en la garganta de nuestro líder.

"Usted es una reliquia", gruñó Teridax. "Este universo pertenece al fuerte, y su posición de poder lo ha hecho débil."

Miserix tomó el bastón, enviando a una oleada de relámpago que envió a Teridax hacia atrás. "Gusano insolente, " gritó Miserix, levantándose. " ¡Usted conducirá a la Hermandad a la destrucción y la desgracia! "

"Yo la conduciré...a la supremacía, " dijo Teridax. "La supremacía que es nuestra por derecho." Él se dio vuelta al resto de los Makuta en la asamblea. "Se lo dejo... para escoger a quién ustedes seguirán."

Gorast y Bitil se movieron inmediatamente a su lado. Vamprah, Antroz, Chirox y Spiriah lo siguieron. Yo vacilé durante un momento, pero no podía evitar el hecho de que de todos los presentes, yo sabía que su Plan podría funcionar. Por eso también me uní a Teridax. Los otros lo hicieron también, con Krika y Icarax siendo los últimos en venir a estar al lado de nosotros. Sólo un pequeño número de Makuta se puso del lado de Miserix. Viendo que ellos eran excedidos en número, ellos se movieron - algo de mala gana - a nuestro lado. Miserix fue dejado solo.

"Reclamo el mando de la Hermandad, por la voluntad de la Convocatoria, " dijo Teridax. " El Plan seguirá adelante. Como mi primer acto... Le condeno, Miserix, a la muerte. Krika, Spiriah, ustedes realizarán mi voluntad. "

Miserix, atontado y enfurecido, miró a los Makuta en la asamblea con desprecio. "Ustedes son tontos suicidas, embrollando la orden misma del universo. ¡Y este...este maníaco no le conducirá a ninguna parte, pero a sus muertes!"

El antiguo líder de la Hermandad miró fijamente con fuerza a los ojos carmesíes del nuevo. "Esto no ha acabado, Teridax. Mátame, dispersa mis restos de aquí a Metru Nui, pero un día... Seré vengado. "

Teridax ya había perdido el interés. Él se agrupó con Chirox y conmigo, hablando de la mejor forma de golpear al Gran Espíritu. Krika y Spiriah se movieron rápidamente, conociendo la tendencia de Miserix de cambiar de forma en criaturas reptiles sumamente repugnantes. Ellos lo arrastraron de la cámara. Yo nunca lo vería otra vez.

Este no es el final del cuento, desde luego. Durante el próximo año, Gorast e Icarax detectaron y asesinaron a todo Makuta que apoyó al lado de Miserix. Teridax ordenaría sus máscaras clavadas en la pared de la Cámara de Convocatorias como una advertencia a los otros que podrían considerar la rebelión.

La única cosa que me dejó perplejo consistía en que una máscara faltaba de aquel grupo... la llevada por Miserix. Qué, me pregunté, ¿Habría hecho Krika con él?

Capítulo 7 Editar

Bitil fue el primero en notarlo. Los dos visitábamos Destral en esos momentos, haciendo planes para apoyar el planeado golpe de Teridax contra Mata Nui. Si mal no recuerdo discutíamos lo desafortunado que era que gran parte del plan se sostuviera en las acciones de Makuta Kojol, quien supervisaba la región de Artakha. Kojol era del tipo reservado, y nunca compartía lo que sabía con nadie, ni siquiera la ubicación de la misma Artakha. Su especialidad eran los Rahi voladores y marinos, los cuales protegían su región de cualquier intruso, incluso de nosotros.

Pero debo quedarme en el tema. Bitil estaba argumentando de su modo usual, lanzando un arma contra el muro. Fue a tomar un hacha y descubrió que no podía hacer que su armadura se moviera. Era como si todos sus músculos se hubieran vuelto agua. Mi diversión frente a su pánico se desvaneció cuando me di cuenta de que lo mismo me sucedía a mí.

Chirox retiró parte de la armadura de Kojol, sólo para ver una niebla negra verdosa saliendo desde el interior de la coraza. Preocupado, Chirox tomó una muestra, y luego parchó improvisadamente la armadura. Tras extensas pruebas, volvió para informarnos de sus resultados.

“Esto,” comenzó, sosteniendo un tubo con la niebla dentro, “es lo que queda de nuestros cuerpos. Hemos evolucionado de músculo y tejido a energía pura. Ya no necesitamos comer, ni respirar, ni necesitamos temer los dolores que llegan con la edad. “Pero hay más,” continuó. “Si la energía de un Makuta se dispersa, su conciencia desaparecerá y él morirá. Por lo que es crítico protegernos de daños a nuestra armadura que puedan permitir que nuestra esencia escape.”

Cómo me sentí por esto, se preguntarán. Intrigado… resentido de que Chirox descubriera lo que pasaba antes que yo… e inseguro de lo que esto significaba para el futuro de nosotros los Makuta. ¿Seríamos más poderosos ahora que no teníamos que preocuparnos de que nuestros órganos y músculos se hirieran? ¿O el miedo de que nuestra armadura fuera perforada y nuestra energía dispersada nos harían demasiado precavidos?

Teridax no perdió tiempo preocupándose. Ordenó que llevaran a los “fantasmas Nynrah” a Destral para que modificaran nuestra armadura para sacar ventaja de nuestros nuevos “cuerpos.” Añadieron capas adicionales de protoacero, posible ahora que no teníamos formas físicas que requirieran espacio.

Un inesperado beneficio de nuestra nueva existencia fue descubierto de una forma bastante dolorosa (para mí, al menos). Vagando por el fuerte, encontré a un Exo-Toa solitario. Cuando traté de pasar a un lado de él, el robot me levantó y me lanzó a lo largo del pasillo, riendo todo el tiempo de una forma demasiado familiar.

“¿Chirox?” pregunté, levantándome – pues de él era la risa que oí.

“Nuestras nuevas formas,” fue la respuesta. “Con ellas, podemos tomar el control de cuerpos robóticos – tal vez incluso de cuerpos vivos, no lo sé. Piénsalo – ¡El disfraz definitivo!”

“Ah, sí,” respondí. “Una vez más, encuentras una mejor forma de esconderte.”

Él disparó un misil desde la armadura como respuesta, pero no lo suficientemente rápido. Avancé y le arranqué un brazo al robot, luego sonreí mientras veía cómo sus energías comenzaban a salir del hueco. Mi sonrisa se ensanchó cuando lo oí maldiciendo en mi mente, mientras dirigía sus energías de vuelta a su armadura Makuta vacía en otra habitación. La idea de destruir la armadura antes de que él llegara a ella, lo admito, cruzó mi mente. ¿Me abstuve por piedad, o amabilidad, o algún sentido de compañerismo hacia mi hermano Makuta?

No, no, todo lo contrario. Simplemente sabía cuánto se había estado esforzando Chirox por desarrollar una serpiente voladora con la cantidad de baba exterior justa para permitirle deslizarse por pequeñas grietas, pero no tanta como para dejar un rastro por donde pasara. Y apenas volviera a su cuerpo, iba a regocijarme bastante al presentarle a mis Lohrak, alas, baba, y todo…

Capítulo 8 Editar

Bien recuerdo la primera vez que vi la Kanohi Avohkii, o Máscara de la Luz. Verdaderamente no se ha creado cosa más vil o repugnante en este universo. Allí estaba en manos de Teridax, sin siquiera tener la cortesía de ser del color de un terrón de arcilla mientras ningún ser la usaba – oh, no, la Avohkii resplandecía dorada. Sellado en su interior estaba el único poder que los Makuta temíamos, y la implícita promesa de algo mucho peor – la existencia, algún día, de un verdadero Toa de la Luz.

Silenciosos rumores habían llegado a Destral de que tal máscara había llegado a existir en Artakha. Naturalmente, Makuta Kojol, siendo el idiota que era, no había descubierto esto directamente. Pero estaba más que listo para guiar una armada contra la isla e incautar la cosa.

Teridax quería una operación sutil, unos cuantos Rahkshi, eso era todo. Kojol, a su riesgo, prefirió ignorar esto. Reunió una fuerza de asalto de Visorak, Rahkshi, e incluso unos cuantos Exo-Toa, con la intención de abrumar toda defensa de la isla con un solo golpe devastador.

No salió así exactamente. Lo primero con lo que se encontraron los Visorak cuando alcanzaron la playa fueron dos enormes serpientes que parecían estar hechas de cristal. Los Visorak, tremendamente confiados como siempre, pensaron que podrían ocuparse rápidamente de tan grandes Rahi. En vez de eso, los rayos del sol enfocados a través de los cuerpos de las serpientes incineraron inmediatamente a la primera ola de Kojol por completo.

Kojol retiró sus barcos e intentó otro acercamiento. Afortunadamente, los Rahkshi son buenos escaladores y lograron agarrarse en terreno más traicionero. Mientras que los Matoran de la isla representaban una amenaza menor, los dispositivos del gobernador de la isla – también llamado Artakha – cobraron un gran número de Rahkshi. Sin embargo, consiguieron suficiente tiempo para desplegar a los Exo-Toa, y con su poder añadido a la batalla, la isla cayó.

Kojol podría – debería – haber tomado todo lo que estuviera a la vista en la fortaleza. Pero le tomó tanto llegar a la playa, y tanto encontrar la Avohkii (ya que el interior del fuerte estaba lleno de trampas), y además afirma que hubo una intensa ventisca mientras intentaba salir. Peor aún, no se suponía que pusiera pie en la isla en absoluto – el punto era que esta fuera una incursión secreta, no una que pudiera ser relacionada con la Hermandad (Cierto, los Visorak y Rahkshi con asociados con nosotros, pero sin la presencia real de un Makuta allí, aún podíamos negar saber qué había pasado).

Kojol regresó a Destral “triunfante,” y a pesar de haber desobedecido sus órdenes, Teridax lo elogió por haber reclamado la máscara. Los Toa Hagah que nos servían no dieron señales de saber nada sobre la incursión, lo que significaba que de algún modo nuestros planes aún estaban a salvo. La historia, al parecer, había terminado.

Entonces algo extraño comenzó a suceder. Dos escuadrones de Rahkshi despachados a un remoto lugar del continente del sur nunca más fueron vistos con vida. Cuando los encontré, su armadura había sido reducida a chatarra y sus Kraata eran oscuras manchas en el suelo. Parecía una interesante coincidencia que fueran los mismos Rahkshi presentes en la incursión a Artakha.

Los Exo-Toa fueron los siguientes. En medio de la noche, se desvanecieron de sus puestos de guardia. Hasta el día de hoy, no tenemos idea de qué pasó con ellos. Para entonces, comenzaba a sospechar que Artakha, o alguien cercano a él, se estaba vengando por nuestra incursión. Eso significaba que Kojol sería el siguiente. Teridax debía ser informado de inmediato…

Por lo que, naturalmente, no hice nada.

¿Por qué? Porque Kojol era un engreído, arrogante, y detestable bufón. Si alguien más quisiera ahorrarme el problema de tener que matarlo algún día, que así sea.

Oh, pareció un accidente, claro. Él visitaba Xia, presentándoles un nuevo virus devorador de armadura que quería que incorporaran en un arma. O hizo el virus mejor de lo que creía o alguien más lo sustituyó por uno diferente – porque cuando escapó, resultó que le gustaba el protoacero. Su armadura fue devorada en segundos. Bueno, los accidentes suceden. Aunque claro, eso no explicó cómo su forma de energía terminó en un horno Vortixx de alta temperatura donde fue completamente destruida.

El virus había muerto casi inmediatamente tras terminar su trabajo, y nunca más volvimos a ver algo similar. Los Vortixx se declararon inocentes, pero Teridax ordenó que parte de la isla fuera arrasada de todos modos, como recordatorio para que fueran más cuidadosos en el futuro.

Sólo tiempo después me di cuenta de lo tonto que había sido. Kojol era el único que sabía dónde estaba la isla de Artakha, y debería haberle sonsacado el conocimiento antes de que muriera. Cuando la Hermandad trató de encontrar a otros que pudieran saber dónde podía estar ubicada la isla, descubrimos que todos habían muerto misteriosamente. Artakha – si es que era él – estaba siendo muy minucioso.

Al final, no nos quedamos con la Máscara de la Luz por mucho. ¡El escuadrón de Toa Hagah de Teridax se atrevió a invadir la fortaleza de Destral y robar la máscara! Finalmente pagaron por ello – recuérdenme escribir algún día sobre el desagradable sentido del humor de Roodaka – pero lograron escapar con la máscara.

Cuando eso pasó – una vez supimos que había Toa que habían adivinado nuestro nuevo propósito en la vida – el Plan debía proseguir con rapidez. Había llegado el momento de derribar al Gran Espíritu y comenzar nuestra marcha hacia el poder.

Capítulo 9 Editar

Tal vez los lectores de esta crónica habrán escuchado el viejo dicho, “Cuando Teridax no está, los Rahi salen a jugar.”

Nuestro líder pasaba la mayor parte de su tiempo fuera de Destral, particularmente tras la rebelión de los Toa Hagah. Esto nos dejaba al resto a nuestra propia cuenta, especialmente mientras visitábamos dicha isla.

Por ejemplo, poco después de que Teridax se fuera a Metru Nui para iniciar la siguiente etapa del Plan, recibí una visita de Chirox. Estaba sosteniendo un espécimen muerto de mi nuevo Rahi, el Lohrak. No se veía para nada contento, lo que no era algo nuevo.

“¡Lohrak! ¿¿¿Lohrak???” bramó Chirox. “¡Yo creé a los Lohrak, milenios atrás, y no eran este… este… alado desperdicio de protodermis! ¡Cómo te atreves a usar el mismo nombre e intentar reemplazar mi creación!”

“Tu creación está mejor olvidada,” contesté. “Como siempre, diseñas Rahi que son una maza en vez de una daga. Yo, por el otro lado, pongo algo de sutileza en mi trabajo. Es como si firmara mi nombre en él.”

“¿Firmar tu nombre?” escupió Chirox. “¡Ni siquiera puedes pronunciar tu nombre!”

Estaba a punto de aplastarlo con el insulto de respuesta perfecto cuando el mundo se sacudió. Ambos caímos al suelo mientras un violento terremoto golpeaba Destral. La albañilería se partió, los techos colapsaron, y lo único que pude hacer fue formarme un par de garras que enterrar en el piso de piedra para sostenerme. El temblor duró tal vez unos cuantos segundos, o tal vez para siempre, dependiendo del punto de vista.

Cuando terminó, me puse de pie. La fortaleza de Destral estaba en ruinas. Algunos de nuestros prisioneros estaban muertos, otros heridos. Al menos uno de mis colegas Makuta había visto su armadura dañada al punto de que su energía flotaba libremente en el aire (afortunadamente, logramos meterlo en un cuerpo Exo-Toa hasta que su armadura pudiera ser reparada). La mayoría de los seres habría reaccionado a este evento con desesperación, incluso pánico, y no tengo duda alguna de que muchos de esos aullantes Matoran ahí fuera hacían eso exactamente.

Pero no Chirox y yo, pues sabíamos el significado de los temblores. Eran una señal de que el Plan había funcionado – ¡Mata Nui había caído frente al ataque de la Hermandad! Ahora, si todo salía bien, Teridax tomaría el control total de la ciudad de Metru Nui y estaríamos cerca del poder que todos anhelábamos.

Ah, los planes mejor diseñados de los Makuta y Matoran… durante los días que siguieron a la caída del Gran Espíritu demostraron ser un completo fiasco. A considerar:

• Nuestro glorioso líder fue derrotado en batalla por seis Toa novatos y un Turaga.

• Los Matoran de Metru Nui que tanto apreciábamos fueron sacados del universo por esos mismos Toa, dejando la ciudad de leyendas abandonada.

Sidorak fue asesinado y nuestras legiones Visorak se esparcieron a los vientos.

• Las precipitadas acciones de Teridax llevaron a las muertes de dos Cazadores Oscuros y terminaron encendiendo una guerra con esa organización que persiste hasta el día de hoy.

• ¡La Máscara del Tiempo – un tesoro invaluable – terminó en manos de un Toa, junto con un compromiso de Teridax de no amenazar a los Matoran por un año entero!

Fue alrededor de ese entonces que Icarax comenzó a murmurar seriamente contra el liderazgo de Teridax. Propuso su propio plan: tomar Metru Nui, con o sin Matoran, y desde allí lanzar una ola de conquista que haría parecer a los Barraki un grupo de irritables ranas de arena. Aplastar continentes enteros bajo nuestros talones, saquear los salones de los Nynrah y Artakha (si alguna vez podíamos volver a encontrar esa isla), y retar a los Toa que intenten desplazarnos del poder.

De hecho, Icarax tuvo el demencial coraje de intentar implementar sus ideas sin la aprobación del resto de la Hermandad. Abandonó su reino asignado de Karzahni y viajó hacia el sur con un pequeño ejército de cangrejos Manas. Cierto número de pequeños asentamientos del continente norte habían caído ante él antes de que Teridax lo enfrentara.

La batalla que siguió fue épica. Icarax era mejor luchador, pero Teridax era más astuto. Permitió que Icarax lo golpeara por horas y horas, hasta que las energías del rebelde estuvieron casi agotadas. Entonces Teridax ejerció la más mínima fracción de su voluntad y volvió a los Manas contra Icarax. Cuando estuvo rodeado, Teridax usó todos los poderes a sus órdenes para derrotar… no, demoler… no, tal vez humillar sería una mejor palabra… a Icarax.

Sorprendentemente, luego de todo eso, Teridax lo dejó vivir. “Tus talentos aún son de cierto uso para mí, por lo que no te mataré… hoy,” dijo el líder de la Hermandad. “Pero un día – tal vez en un año, o 1000 años, o 100.000 años – puede que me canse de ti, Icarax. Puede que dejes de ser divertido, con cómo aparentas y tus alardes y tu sed de batalla. Y ese día, tu armadura será alimento de carroñeros come metal, y tu esencia, una voluta en el viento.”

Aunque más tarde Icarax lo tomó a la ligera – afirmando que Teridax había estado “demasiado asustado” para intentar matarlo – sé que nunca olvidó esa batalla. Hasta el día de hoy sigue siendo un peligro para el Plan y una amenaza para Teridax – esperar que fuera cualquier otra cosa fuera como esperar que un Zivon pusiera su cabeza en tu regazo y ronroneara.

Teridax no se quedó en Destral para supervisar las reparaciones de la fortaleza. Regresó a su guarida de Mangaia, preparándose para la profetizada llegada de los Toa Mata, la clave de todos nuestros planes, todas nuestras esperanzas, y todos nuestros sueños de conquista.

Capítulo 10Editar

Qué rápido pasan 1000 años cuando estás ocupado superando a Chirox en la creación de Rahi. Mientras Teridax se ocupaba de atormentar a los Matoran de Mata Nui como un Muaka con una rata de piedra, yo creaba fabulosas criaturas. Cierto, algunas no vivieron mucho… y sí, una tuvo una muerte bastante explosiva… pero también tuve mis éxitos. La sanguijuela de sombras, por ejemplo – un kraata mutado capaz de drenar la luz de cualquier ser vivo. ¿Quién podría no amar algo así?

Naturalmente, necesitaba un sujeto de prueba para ella. Viajé hasta una aldea en mi área de control en busca de un Matoran lo suficientemente valiente/desesperado/estúpido para ofrecerse de voluntario (podría haber tomado uno a la fuerza, pero después de 100.000 años, todos esos gritos y súplicas se vuelven desagradables). Fui lo suficientemente afortunado para toparme con un aldeano llamado Vican, ansioso de encontrarse una vida más aventurera. En vez de eso, lo que obtuvo por la pérdida de su luz fue una vida de sombras y el honor de ser mi asistente… un intercambio más que justo, según estimo.

Fue poco después de presentarle la maravilla que es Destral que aconteció un incidente fascinante: un Matoran pasó volando por mi laboratorio para estrellarse contra el muro. Su armadura era carmesí, pero obviamente era uno de los míos – es decir, otro beneficiario del regalo de una sanguijuela de sombras. Fue seguido por Gorast, en su estado habitual de ira/psicosis.

El machacado montón en el piso resultó ser Vultraz, un Matoran que había estado al servicio de Gorast por algún tiempo antes de volverse uno con las sombras. Durante una misión de exploración en un lejano lugar había descubierto una entrada hacia la legendaria Karda Nui, el centro del universo. Esas eran las buenas noticias. Las malas eran que había decidido guardarse estos conocimientos, aparentemente pensando que podía beneficiarse con ellos de algún modo. Y eso hizo, si consideran el ser golpeado por Gorast como un “beneficio.”

Una vez tuvo la información con ella, Gorast informó a Teridax (quien se encontraba ocupado dándose un atrasado baño bajo Voya Nui en esos momentos). Su reacción fue predecible: debíamos ir a Karda Nui inmediatamente, conquistarla, y asegurarnos de que ningún Av-Matoran allí significara una amenaza. Eventualmente, no tenía duda alguna de que los Toa Nuva se aparecerían allí… y si lo hacían, sus deseos eran claros. Icarax, por supuesto, pensó que sus órdenes estaban al borde de la demencia, si no de la traición a la Hermandad, y se rehusó a ir. Eventualmente, Antroz dejó de intentar convencerlo.

“Lo llamaremos cuando haya alguien a quien destrozar,” dijo nuestro líder de equipo. “Mientras tanto, sobreviviremos sin su compañía.”

Karda Nui – ¿Cómo describir su gloria, su maravilla, su absoluta belleza? ¿Cómo capturar la sensación de verla por primera vez? No es fácil, pero permítanme intentarlo.

Es una cueva grande. Con un pantano.

Al menos ha existido el deporte de cazar Matoran, lo que ha mantenido feliz a Vamprah. Gorast, Bitil y Krika bajaron a prepararse en caso de que los Toa aparezcan en el pantano primero, y no los he visto desde entonces. Estoy seguro de que están bien – ciertamente, no serían lo suficientemente tontos como para entrar en aguas tan obviamente contaminadas.

Y yo, yo he vuelto a crear sanguijuelas de sombras en mi nueva colmena. Tengo mis dudas de que los Toa Nuva lleguen alguna vez – ¿Qué ser cuerdo desafiaría a siete Makuta? Si lo hacen, las cosas se pondrán… interesantes. Teridax dice que debemos contenernos – pedirle a un Makuta que se contenga cerca de un Toa es como pedirle a un Rahkshi que muestre modales en la mesa.

Hmmmm… ¿Qué es eso? Podría haber jurado que vi un destello de luz allá fuera. Debió haber sido bastante poderoso para que se viera desde aquí. Bueno, supongo que si fue algo importante, lo sabré a su tiempo…

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