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"Matoro estaba tratando de enviarme un mensaje - él está en problemas, y me gustaría saber cómo salvarlo."
Hahli

Hacia la Oscuridad.png

Hacia la Oscuridad es un podcast que estuvo alojado en BIONICLEstory.com en el 2007.

Capítulo 1 Editar

Toa Matoro nadó en silencio a través de las aguas oscuras de El Abismo. Detrás de él, el robot guardián Maxilos lo seguía. Para Matoro, se sentía como si tuviera la sombra de la fatalidad sobre él, porque sabía lo que nadie mas sabía: que el cuerpo mecánico de Maxilos estaba poseído por el espíritu del malvado Makuta.

"¿Porque tan callado?", preguntó Makuta con la voz hueca de Maxilos. "Hemos visto la muerte y la destrucción hoy con la promesa de mucho más por venir. Hemos visto a héroes comportándose como villanos . Tú mismo has hecho cosas que incluso yo me rehusaría a hacer. Es un tiempo de celebración."

"¡Cállate!", dijo Matoro. "Estoy haciendo sólo lo que tengo que hacer para salvar la vida de Mata Nui, una vida que pusiste en peligro."

Makuta rió. "Piensa lo que quieras, pequeño Toa, y trata de evitar admitir que estas a un mal día, un momento de crueldad, un ataque de rabia de ser yo". Makuta pasó junto a Matoro y luego bajó hacia el fondo del mar. "Ven conmigo, quiero mostrarte algo."

"¿Qué?", preguntó Matoro.

"Llámalo una respuesta a algunas de tus preguntas", respondió Makuta.

Llevó a Matoro a las profundidades de las aguas oscuras. Allí llegaron a una gran brecha en el fondo del mar.

"Descubrí esto poco después de haber tomado el cuerpo de Maxilos, es una entrada a El Abismo original, la prisión habitada por los Barraki y otros como ellos. Hay algo que creo que deberías ver."

"¿Cómo sé que esto no es una trampa?", preguntó Matoro.

"No lo sabes", respondió Makuta. "Pero seguramente un Toa fuerte y valiente como tú no le teme a nada, sígueme."

Makuta nadó por la abertura. Matoro lo vio ir hasta que la forma carmesí desapareció en El Abismo. El Toa del Hielo chequeó su Cañón Cordak, se preparó para cualquier cosa que pudiera suceder, y siguió a su mayor enemigo hacia la oscuridad.

Capitulo 2 Editar

Makuta llevó a Toa Mahri Matoro profundamente en los agujeros oscuros de la antigua prisión conocida como El Abismo. Estaba misteriosamente callado. De vez en cuando, una criatura marina pasaría, manteniéndose alejada de dos seres que sin duda consideraba depredadores.

Ciertamente uno de nosotros lo es, pensó Matoro. Makuta ha estado haciendo presa a los Matoran del miedo durante todo el tiempo que puedo recordar. Y yo, ¿en qué me he convertido? Tan pronto como me di cuenta de que llevaba una máscara que me permitía reanimar a los muertos, debería haberlo desechado; nunca debí haberla usado.

"Cuando termines de estar melancólico, he encontrado lo que buscaba", dijo Makuta. "Aquí."

Matoro miró hacia donde apuntaba. Enterrada en los escombros estaba una Máscara de Poder Kanohi, cuya forma parecía vagamente familiar. Cerca estaba la armadura azul de un Toa. "¿Que es esto?", dijo Matoro.

"Todo lo que queda de una Toa del Agua llamada Tuyet ", respondió Makuta. "Ella fue condenada aquí hace miles de años, murió aquí, aunque no sé por qué." "Tal vez estaba tratando de escapar."

"¿Por qué la mandaron aquí?"

"Es difícil para mí dar la razón exacta, ya que ni siquiera sabía que 'aquí' existía hasta hace unos días. Pero conozco su crimen. Ella manipuló con sus manos un objeto de poder que no le pertenecía; fue demasiado para ella. Se volvió loca, fue derrotada por Toa Lhikan y Toa Nidhiki, y el objeto fue destruido, o eso creyeron los héroes."

"Ve al grano", dijo Matoro.

Makuta rió. "Yo habría pensado que sería obvio, Tuyet está muerta, ella también es la única que podría saber cómo se podría recrear el poderoso artefacto, la Piedra Nui. Quiero que uses tu máscara, Matoro, la Máscara de la Reanimación. Quiero que la traigas de vuelta."

Capítulo 3 Editar

Toa Mahri Matoro y Makuta estaban de pie junto a la máscara y la armadura de Toa Tuyet. "Estás loco", dijo Matoro. "No haré lo que me pides."

"Debo haberme perdido en la parte en la que te di una opción", respondió Makuta. "Quiero que uses tu poder de máscara para reanimar este cadáver, y quiero que lo hagas ahora". Después de un momento añadió: "Podría matarte, Matoro, tomar la máscara y hacer el trabajo yo mismo, pero es mucho más divertido de esta manera."

"Incluso si la traigo de vuelta no podrá ayudarte a recrear la Piedra Nui", insistió Matoro. "¡Ella no tendrá ningún espíritu, ella no tendrá mente!"

"Siempre he encontrado que las mentes de los Toa están muy sobrevaloradas de todos modos", dijo Makuta. "Ahora, ponte a trabajar."

Matoro se concentró, invocando el poder de su Máscara de la Reanimación. Sabía que Makuta hablaba en serio: mataría a Matoro sin pensarlo dos veces. Más allá de eso, el Toa del Hielo tenía curiosidad en averiguar porque Makuta estaba aquí. Una vez que lo supiera, siempre podría enviar a Tuyet de regreso a la tumba interrumpiendo el poder de la máscara. A sus pies, la máscara Kanohi y armadura comenzaron a moverse, lentamente juntandose. Lo que antes había sido una pila de basura ahora había tomado forma. Otras piezas de armadura se alzaban desde las capas de lodo, luchando para reunirse con el resto. De alguna forma lograba ser sorprendente y nauseabundo al mismo tiempo. Lentamente el cuerpo que alguna vez perteneció a Toa Tuyet se levantó del piso de El Abismo y se paro inestablemente esperando órdenes. Y fue entonces cuando Matoro notó algo: increíblemente diminutas, casi microscópicas piezas de cristal incrustadas en la armadura de la Toa muerta.

"Aquí esta", dijo Makuta. "Cuando la Piedra Nui explotó hace tantos miles de años, la mayor parte se evaporó, pero algunos fragmentos sobrevivieron enterrados en la armadura de Tuyet, con los cuales puedo recrear la piedra como antes, todo lo que necesito es la herramienta apropiada."

"¿Qué herramienta?", preguntó Matoro.

"El Bastón de Artakha", respondió Makuta. "Y a menos que me equivoque, tus viejos amigos, los Toa Nuva, están a punto de conseguirlo para mí."

Capítulo 4 Editar

Toa Matoro, Makuta en el cuerpo del robot Maxilos, y la reanimada Toa Tuyet nadaron lejos de la prisión abandonada hace mucho tiempo y hacia el océano abierto. La mente de Matoro pensaba. ¿Qué planeaba Makuta hacer con la Piedra Nui si la recreaba? ¿Qué era el Bastón de Artakha, y por qué Makuta creía que los Toa Nuva le ayudarían a conseguirlo? Más importante aún, ¿cómo podría detener Matoro todo esto?

"¡Matoro!"

El Toa del Hielo volteó. Toa Hahli nadaba hacia él. Al fondo, Matoro podía ver lo que parecía un océano lleno de mantarrayas.

"¿A dónde vas, y quién es esa Toa contigo? Ella se ve, uh... Matoro, ¿qué has hecho?"

Matoro podía oír la voz de Makuta en su mente: ¿Tenemos una reunión a la que asistir, o lo has olvidado? Alguien de mi Hermandad espera cerca de Mahri Nui, pero no esperará mucho... no querrás retrasarnos, ¿verdad? Y Matoro - dile algo a Hahli, o ninguno de ustedes vivirá para ver otra marea.

"Hahli, no te preocupes, todo está bien, solo confía en mí."

"Confío en ti, pero creo que te has acostumbrado un poco a guardar secretos, hermano, y estoy empezando a preguntarme si confías en mí o en cualquiera de nosotros."

Matoro miró a Hahli directamente a los ojos.

"Todo saldrá bien, todo saldrá como estaba planeado. Tan fácil como ese tiempo en que Nuparu usó su Máscara del Vuelo para transportarte sobre ese abismo. ¿Recuerdas? Ahora yo - nosotros - tenemos que irnos."

Las tres figuras salieron nadando, dejando a Hahli perturbada y no un poco enojada. Entonces un recuerdo de repente llegó a ella.

"Espera un momento - cuando volé con Nuparu, él me dejó caer. ¡Casi muero!. Matoro estaba tratando de enviarme un mensaje - él está en problemas, y ojalá supiera cómo salvarlo."

Capítulo 5 Editar

Este biocast tiene lugar después de los eventos del  capítulo seis de Sueños de Destrucción.

Matoro se sentía como si estuviera en medio de una pesadilla, y deseaba poder despertar. En su viaje con Makuta y Toa Tuyet reanimada, habían sido atacados por Karzahni, el gobernante loco de un reino de miseria para los Matoran. Karzahni buscaba el Bastón de Artakha que llevaban, pero Makuta no iba a entregárselo sin una pelea. Cuando la batalla comenzó a ir en contra de él, Karzahni convocó a una horda de Cangrejos Manas para su ayuda. 'Manas' - la palabra que significaba 'monstruo' en Matoran, porque eso es lo que eran. El corazón del Toa del Hielo se congeló cuando los Manas se movieron hacia ellos. Lanzó su poder de Hielo contra ellos, pero no les hizo daño. Una vez le había tomado a seis Toa detener sólo a un par de Manas, y ahora él y Makuta se enfrentaban a cientos. Curiosamente, el Maestro de las Sombras no hizo nada. No lanzó rayos de sombras o invocaba rayos. Sólo esperaba y observaba hasta que los cangrejos estuvieran bien a una distancia notable. Luego extendió la mano con su mente, su arma más poderosa. Utilizando su poder para controlar a las bestias de tierra, mar y aire, tomó el control de la mitad de los Manas y los volvió en contra de los demás. Era una visión horrible cuando los enormes y salvajes Manas se despedazaban el uno con el otro. Karzahni lo miró sorprendido mientras su ejército se desintegraba ante sus ojos. Matoro apartó la mirada. Makuta simplemente reía.

"Plagas", dijo el Maestro de las Sombras. "Hacen tanto desoreden. Quizás, Karzahni, debo dirigir a los supervivientes hacia ti."

Ahora le tocaba a Karzahni sonreír. Tenía sus propios poderes, poderes que Makuta no podía predecir, estaba seguro. Desencadenando su habilidad, lanzó una visión a la mente de Makuta. Ahora Makuta veía, tan seguramente como si realmente estuviera sucediendo, el futuro día en que los Toa Nuva despertarían al Gran Espíritu Mata Nui. Vio a Mata Nui levantarse, completamente por primera vez en mil años. Y entonces vio el poder del Gran Espíritu surgir por el universo, buscando a aquellos que se atrevieron a rebelarse contra él. Vio la terrible venganza de Mata Nui y sabía el castigo final que le esperaba. Y Makuta gritó.

Continuará en Sueños de Destrucción, parte siete.

Capítulo 6 Editar

Este biocast tiene lugar después de los eventos del capítulo siete de Sueños de Destrucción.

Si Makuta estaba en absoluto desconcertado por su feroz batalla con Karzahni, no lo demostraba. Tampoco había mostrado ninguna emoción particular cuando él y Matoro se habían encontrado con Makuta Icarax, que había traído el Bastón de Artakha a las aguas arriba de El Abismo. Simplemente había tomado el objeto de su compañero miembro de la Hermandad y se despidió de Icarax con un movimiento de su cabeza. Ahora él y Matoro estaban de pie sobre los restos sombríos de la armadura de Toa Tuyet. Un solo fragmento de la Piedra Nui relucía en la oscuridad.

"Eso es todo lo que necesita el bastón", dijo Makuta en voz baja. "Una pieza, y su poder recreará la piedra como fue una vez."

"¿Y de qué te sirve?", preguntó Matoro. "¿Qué piensas hacer con ella?"

"Muy bien, mi curioso Toa", respondió Makuta. "Piensa en esto: Tuyet, y más tarde Nidhiki, no fueron los únicos Toa que se volvieron malvados. Y si el siguiente caeyera bajo mi dominio, bueno, ¿qué mejor que usar la Piedra Nui para aumentar su poder cien, mil veces; imagina a un todopoderoso Toa a mi orden, eliminando a tu especie de la faz de este planeta."

Makuta apuntó al Bastón de Artakha al fragmento de la Piedra Nui, y disparó su poder. Poco a poco los pedazos de la piedra comenzaron a flotar por el agua, derivándose uno hacia el otro, uniéndose por primera vez en mil años.

"¡No puedo dejar que hagas esto!", gritó Matoro, avanzando.

Makuta agitó su mano y un campo de estasis congeló al Toa del Hielo.

"Y no puedo dejar que me detengas", dijo Makuta. "Nadie puede detenerme ahora."

Una explosión de puro poder golpeó al Maestro de las Sombras directamente en la espalda. Makuta se tambaleó, dejando caer el bastón.

"¿Quién se atreve?", gruñó.

"En mi tiempo, me atrevía a muchas cosas, quizás a demasiadas cosas", fue la respuesta. "Caí muy lejos de la luz, y nunca podré encontrar mi camino de regreso."

Makuta giró. En el agua estaba Brutaka, antiguo guardián de la Máscara de la Vida, ahora un prisionero mutado de El Abismo. Aún habían rastros de energía de su mano abierta. Su cuerpo había cambiado, picos torcidos salían ahora de su armadura y lo que parecía ser una larga aleta dorsal que recorría toda su espalda. Brutaka estaba de pie, listo para la batalla.

"Pero la oscuridad no es tan completa que no puedo reconocer a un monstruo cuando veo a uno."

Makuta lanzó una explosión de energía de sombras a Brutaka. El guerrero se alejó y pasó junto a Makuta, arrebatándole el Bastón de Artakha, mientras gritaba: "¡Botar!"

Los acontecimientos ocurrieron rápidamente entonces. El agente de la Orden de Mata Nui conocido como Botar apareció de repente en medio de la batalla, tomando el bastón de Brutaka. Se ahorró un momento para hacer un gesto de agradecimiento a su antiguo compañero antes de desaparecer una vez más.

"Se ha ido", dijo Brutaka a Makuta. "El bastón se ha ido a donde no puedas alcanzarlo. Has perdido."

"Si he perdido el bastón, tú estás a punto de perderlo todo", dijo Makuta.

Brutaka no tembló ante la amenaza ni retrocedió. En vez de eso, solo rió, una risa larga y duradera con un pequeño toque de locura.

"Parece que me confundiste", dijo, "por alguien que tiene algo que perder."

Capítulo 7 Editar

"¡Vete de aquí, ahora!", Brutaka le gritó a Matoro. "Vuelve con los otros Toa - yo me ocuparé de Makuta!"

"¿Como te ocupaste de los Toa Nuva y de los Toa Inika?, dijo Makuta. "¿Eres tan tonto como para creer que puedes confiar en él, Matoro?"

Toa Matoro pensó su elección. Brutaka había sido miembro de la Orden de Mata Nui antes de que se volviera malvado, ¿pero Makuta? Su espíritu había sido negro desde el día en que había sido creado. No había elección. Nadó tan rápido como pudo, dirigiéndose a una cita con sus compañeros de equipo.

"Me has costado la Piedra Nui", gruñó Makuta lanzando una explosión de energía de sombras a Brutaka. "Te has convertido en... una molestia."

Pero el rayo de sombras nunca alcanzó a su objetivo. Desencadenando el poder de su máscara Kanohi, Brutaka abrió un portal dimensional y derivó la energía a la Zona de Sombras, donde no podía dañar nada.

"Entonces veamos si puedo llegar a una irritación", dijo Brutaka, disparando su propia explosión de energía de su espada. La explosión sacó el arma de Makuta de su mano. "Sabes, Makuta, podemos hacer esto todo el día, pero no conseguirás lo que quieres."

"¿Y eso es?", preguntó Makuta incluso cuando utilizaba su control sobre la Gravedad para hacer que Brutaka se estrellara contra una montaña cercana.

"¡Ow!", dijo Brutaka. "Bueno, no quieres la Máscara de la Vida. Si la quisieras, nunca habrías contratado a esos Piraka para conseguirla. Pero querrás estar ahí cuando lo encuentres, jalando las cuerdas de todos. Quieres decidir quién la va a tener, cómo la va a usar y cuándo. ¿Me estoy acercando?"

"Un poco demasiado cálido para estar cómodo", respondió Makuta, lanzando un campo de estasis alrededor de Brutaka. Pero el antiguo miembro de la Orden de Mata Nui demolió el campo con un golpe de su espada.

"Por favor", dijo Brutaka, "yo estaba saliendo de los campos de estasis cuando tú estabas en Destral criando Topos de los Archivos."

"¿Qué quieres, Brutaka?"

"Habría dicho una vez que quería la máscara", respondió Brutaka. "Una vez me habría visto gobernando un universo con ella. Ahora supongo que podrías decir que mi visión ha mejorado y sólo quiero verte sudar." Brutaka sonrió. "Oh, y para que sepas Nocturn tenía la máscara la última vez que lo vi, pero Hydraxon estaba a punto de quitársela.Y quién sabe que lo que ese lunático hará con ella. Por lo tanto, es mejor que vayas a ver."

El instinto de Makuta era continuar en la batalla, pero Brutaka tenía razón - no podía permitirse perder el control de los acontecimientos, no en esta última etapa. "Esto no ha terminado", advirtió el Maestro de las Sombras.

Brutaka pasó un dedo por el afilado filo de su espada. "¡Oh, Makuta, estoy contando con eso!"

Capítulo 8 Editar

Makuta, en el cuerpo de Maxilos, nadó rápidamente a través de las oscuras aguas de El Abismo. Mientras lo hacía, su mente retrocedía hacia el pasado y el viaje que lo había llevado a este lugar y tiempo. ¿Había sido sólo hace unos cien mil años que vio por primera vez la luz del día, junto con sus compañero Makuta? ChiroxAntrozVamprahMutran y los otros?

Habían sido seleccionados por el Gran Espíritu Mata Nui para un propósito especial. Sería su trabajo traer a la vida a las plantas y a los animales necesarios para mantener el universo funcionando sin problemas. Con el tiempo, su papel se expandió. La Hermandad de Makuta se hizo responsable de vigilar las tierras y los mares del Universo Matoran. Las amenazas internas al poder de Mata Nui fueron aplastadas por los ejércitos liderados por Makuta.

Mientras que el Gran Espíritu se concentraba en asuntos de importancia cósmica, la protección y la seguridad cotidiana del mundo cayeron sobre los hombros de los Makuta. Oh, había Toa, por supuesto, burlándose y ruidosamente tratando con lo que se referían riendo como amenazas, pero el verdadero poder de crear y destruir descansaba en la Hermandad.

La lógica dictaba que los Matoran llegarían a darse cuenta de lo mucho que sus píricas vidas dependían de los Makuta y se comportarían en consecuencia. Pero no, cuando celebraban sus festivales del Día de Nombrar, lo hacían en honor a Mata Nui. Cuando terminaban un día de trabajo, agradecían a Mata Nui por la exitosa finalización de sus labores. Mata Nui, que estaba muy por encima de ellos, podían haber sido también luciérnagas de fuego debajo por sus pies.

Tantos milenios de haber sido pisoteados llegaron a los celos, y de los celos al resentimiento, y del resentimiento al odio, y justo debajo de la superficie de cada Makuta quemaba un deseo de ver al Gran Espíritu humillado.

Pero no fue hasta la fallida rebelión de los Barraki que el Makuta de Metru Nui empezó a pensar, que tal vez, tal vez, algo podía hacerse. Pero su plan se extendió más allá de la derrota de Mata Nui. No, era un esquema laberíntico: una trama que atraía a su red a varios equipos de Toa, Cazadores OscurosBohrokVisorak y más. Y sin embargo, a pesar de todos sus giros y vueltas, el plan era también impresionante en su simplicidad.

"Hay un pequeño Rahi llamado Espectro de Agua", explicó al resto de la Hermandad hace unos ochenta mil años. "Tan pequeño, y tan insignificante es que los peces más grandes ni siquiera consideran que sea una comida digna, pero de vez en cuando, un osado Espectro de Agua atacará a un pez mucho más grande y más poderoso que él. Es una batalla unilateral, por supuesto, que termina con le pobre Espectro de Agua en la boca de su oponente. Por supuesto, lo que el pez más grande rápidamente descubre es que la capa exterior de un Espectro de Agua está cubierta con un veneno mortal. El pez grande muere al instante y el Espectro de Agua escapa para darse un festín durante meses con su tonto y muerto oponente."

"A veces, mis hermanos", había dicho, sentándose en su trono de obsidiana, "la mejor manera, la única manera de ganar... es perdiendo."

Capítulo 9 Editar

Makuta estaba frío. Más frío de lo que había estado. Más frío aún que la oscuridad en la que habitaba. En su camino para evitar que Hydraxon adquiriera la Máscara de la Vida, había sido emboscado por Toa Matoro, y congelado dentro de hielo super-duro. Ahora incluso su energía estaba empezando a cristalizarse, nada bueno desde su punto de vista.

A través del Hielo transparente, pudo distinguir débilmente las formas de los Toa Mahri, Barraki e Hydraxon en una loca lucha por el artefacto. Ninguno de ellos, estaba seguro, o tenía la menor idea de lo que la máscara podía realmente hacer. Para ellos, era sólo un brillante tesoro de oro a ser combatido como Rahi hambrientos después de una comida. Makuta, por supuesto, la conocía mejor. Había recopilado leyendas a medias recordadas, rumores susurrados, incluso fragmentos de información recuperados en el larga asalto en la isla de Artakha.

La Máscara de la Vida fue concebida como algo más que una cura para el Gran Espíritu Mata Nui en caso de su enfermedad. No, no - la Máscara de la Vida era una solución rápida a otro problema por completo. Los Grandes Seres habían creado un universo, pero no podían estar seguros de que funcionaría como quisieran. Y si no lo hiciera, si la población se sumía en la guerra, si la peste y el hambre se apoderaran, si toda esperanza se había ido, la máscara se activaría, drenando toda vida de cada ser y acabando con el universo de una vez por todas.

Cuando llegara el momento, la máscara se convertiría primero de dorada a plateada, y finalmente a negra cuando el tiempo final había llegado. Axonn, Brutaka, Umbra - todos los nobles guardianes de la Kanohi Ignika nunca se habían dado cuenta de que estaban protegiendo un elemento que podía causar la completa aniquilación. Pero Makuta sabía su verdadera importancia y lo había incluido en su gran plan. Por supuesto, la muerte por congelamiento no había sido parte del plan.

Fue entonces cuando Makuta notó algo, algo maravilloso. Una sola gota de agua caía por el exterior de su prisión helada. Entonces vio por qué - Jaller había creado un muro de llamas. El calor estaba derritiendo el Hielo de Matoro y la libertad estaba a pocos minutos. El poderoso brazo de Maxilos destrozó la prisión, y Makuta guió su nuevo cuerpo a la batalla.

Era hora de mover el plan un paso más cercano a su completación.

El Fin... por ahora.

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